Después de pasearnos por todos los templos y santuarios de Nikko (alguno se nos quedó por visitar seguro… T_T) y viendo que se nos hacía algo tarde, decidimos encaminarnos al pueblo de nuevo y buscar algo de comer antes de que comenzáramos a autofagocitarnos.
Entramos en un par de tiendas para la obligatoria compra de souvenirs. Anteriormente en el Toshogu compré un amuleto (omamori) para desearle a una gran amiga mía un buen parto ^_^ no sé yo si terminó de funcionarle. En esta tienda compré un par de llaveros y una cortinilla muy kawaii con el “nemurineko” dibujado. Lo siento pero no pude evitarlo ^_^
Paseando por las callejuelas que tanto me gustan de Japón, uno de nosotros advirtió que una de las casas por las que pasábamos tenía fotografías de platos en su fachada. A esa hora se nos hizo la boca agua y decidimos entrar. La casita por fuera parecía una casa normal y corriente, si no hubiera sido por las fotos no sabríamos que ponían de comer ^^
Al entrar nos atendió una anciana y una mujer. Siempre con una maravillosa sonrisa en la cara. El comedor era pequeño, había pocas mesas y a nosotros nos acomodaron y que no nos faltara de nada. Nos pasaron la carta, que estaba en japonés e inglés con bastante variedad. Yo me pillé un katsudon que sabía de miedo. Cada cierto tiempo la mujer se acercaba para ver si nos hacía falta algo. He de decir que éramos los únicos en el bar ^_^ A mí me dio la impresión de estar más de invitados en una casa de amigos que en un bar.
Una comida muy casera y muy buena. Lástima que no hiciera fotos del lugar pero no me parecía educado hacerla en un ambiente tan hospitalario. Después de comer uno se sentía hasta mal por lo bien que nos atendieron. Lo único malo de la comida fue que tuviéramos que despedirnos. Para mí fue uno de los momentos más deliciosos del viaje… en muchos sentidos.
Nota: Las fotos pertenecen a la zona cercana a la estación, aunque la casita restaurante se encuentra después de pasar el puente, justo al salir del Taiyouinbyo.















