Por Takanori Isshiki
OKINAWA, Japón (Reuters) – No hay toreros, ni lucha, ni muerte, sólo un toro contra otro toro, en una versión más pacífica de la fiesta nacional española.
Miles de seguidores se agolparon en la plaza de toros esta semana para ver el campeonato anual de toreo en la isla de Okinawa, situada a 1.600 kilómetros al suroeste de Tokio.
Aquí, los toros se golpean con los cuernos hasta que uno de ellos sale corriendo. Los únicos seres humanos en el ruedo son los encargados de los animales.
“Una vez que se termina la batalla, el ganador de nuestra lucha entre toros nunca hiere al perdedor. Por lo que puedo decir que los toros son justos y pacíficos,” dijo Masakazu Kochi, el organizador y presidente de la Unión de Luchas de Toros en Okinawa.
Las peleas entre los animales de más de 1.000 kilogramos pueden ser muy feroces, pero los toros pocas veces mueren ya que dejan de arremeter en cuanto uno de ellos sale huyendo.
No está claro el origen de este tipo de lucha, pero se convirtió en un espectáculo para los granjeros de fines del siglo XIX. Desde entonces, la lucha de toros ha sido parte de la herencia cultural de Okinawa, donde tiene muchos aficionados.
Corea del Sur tiene también una tradición similar.
“Estoy impresionado por sus potentes batallas,” dijo Mitsuo Akashi, de 73 años, que recientemente se trasladó a la isla desde Tokio.
El combate suele durar menos de 20 minutos pero a veces se alargan durante más de una hora, especialmente cuando los toros no son muy agresivos y sólo apoyan su morro contra el contrario.
La mayoría de los toros, sin embargo, hacen que sus propietarios se sientan orgullosos.
“A este toro le gusta luchar desde que nació. Creo que su fuerza viene de su linaje agresivo,” dijo Masanori Otake, propietario del campeón “Otake shashin-go,” que ganó el trofeo de pesos ligeros, la primera competición de este año y el mayor evento del día.
Vía Reuters